domingo, 10 de mayo de 2015

Amor a mi madre

El principio del mundo fue en tu vientre,

en él supe por vez primera de la tierra en su girar milenario.

El principio de los tiempos fue en tu sangre,
en mi ombligo,
vestigio,
nudo estrecho,
huella honda de la cercanía de dos corazones.

Al principio fue tu luz espesa
mi primera casa
y el alborozo de tu corazón
mi primera compañía.

Antes que el mar, la nube o la montaña,
antes, al principio, fui en tu vientre.

Juan Vásquez

domingo, 22 de febrero de 2015

Alguien se salva por escuchar al ruiseñor

Digamos que una tarde
El ruiseñor cantó
Sobre esta piedra
Porque al tocarla
El tiempo no nos hiere
No todo es tuyo olvido
Algo nos queda
Entre ruinas pienso
Que nunca será polvo
Quien vio su vuelo
O escuchó su canto.

(Giovanni Quessep, en cien poemas colombianos, 2011, una antología de la editorial Luna Libros)

viernes, 16 de enero de 2015

Matan a joven que amenazó con suicidarse

Esteban Arbeláez, un joven de 23 años de edad, fue dado de baja por un miembro de las Autoridades Morales Armadas (AMA) cuando parecía que intentaba acabar con su vida lanzándose de un séptimo piso. “El joven miraba desde el balcón mientras apagaba un cigarrillo, por su determinación para tirar la colilla pudimos asegurarnos de que se iba a matar y no podíamos permitirlo, fue cuando abrimos fuego”, declaró el portavoz de AMA. “El (Esteban) venía hace días caminando despacio y cabisbajo, como buscando monedas sin querer trabajar por ellas”, comentó uno de los vecinos del edificio que prefirió mantener su nombre en reserva. Este es el cuarto operativo exitoso, de los seis desplegados por AMA durante este mes, para matar a jóvenes sospechosos de cometer suicidio, en los otros dos operativos los jóvenes pudieron escapar con vida y aún son buscados. El portavoz del movimiento político y militar aseguró que no escatimarán en esfuerzos para seguir cumpliendo con su labor.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Cuando el epílogo fue un premio

La semana pasada terminé de leer Esta historia de Alessandro Baricco. Llegó justo cuando estaba pensando sin descanso sobre el propósito de una vida. Al terminar el libro concluí, con seguridad, lo mismo que otros cuando han pensado sobre lo mismo: basta tener un propósito, cualquiera, para que la vida pierda peso y gane levedad. Pero ojo, no hablo de la levedad como aquello carente de importancia, sino como la sonrisa presente hasta en las tareas más tediosas. Pueden ser varios, pequeños y continuos propósitos que nos llevan de un día a otro, como volutas de humo convirtiéndose en algodones,  acariciando nuestra piel cuando pasan. ¡Aligerar la vida es el propósito de los propósitos!, incluso cuando no llegan a cumplirse. 

Sigue en http://elovilloferoz.blogspot.com/2013/08/cuando-el-epilogo-fue-un-premio.html

(Este es un pedazo de un escrito en un nuevo blog en el que participo con otros dos amigos, bienvenidos)

martes, 25 de junio de 2013

Cosas de papá

«—¿Adónde te lo llevas? —había preguntado mamá.

Cosas de hombres, había contestado Libero Parri, y a partir de ese momento Ultimo tampoco se había hecho más preguntas, porque si tienes cinco años y tu padre te lleva con él, de esa manera, eres feliz y punto. Por eso había correteado detrás de él hasta el cruce para Rabello. Lo había hecho sin saber que en un sinfín de ocasiones, ya de mayor, volvería a ver esa imagen, precisamente ésa: la silueta maciza de su padre, caminando a grandes pasos por delante de él, contra el vuelo de la niebla matinal, sin darse vuelta nunca, ni para esperarlo ni para verificar que todavía estaba allí. En esa severidad, y en esa ausencia total de dudas, residía todo lo que su padre le había enseñado del hecho de ser padres: que se trata de caminar, sin darse vuelta nunca. Caminar con el paso largo de los adultos, sin piedad, pero un paso límpido y regular, para que tu hijo pueda comprenderlo y permanecer pegado al mismo, a pesar de su paso de niño. Y hacerlo sin darse la vuelta nunca, si es que uno tiene fuerzas para hacerlo: para que él sepa que no se perderá, y que caminar juntos es un destino del que no es necesario dudar en ningún momento, ya que está escrito en la tierra. »


Alessandro Baricco , Esta historia, Anagrama, p.30-31

viernes, 7 de junio de 2013

El infierno

«Nuestro único enemigo era el Diablo. Del Diablo sabíamos todo, sabíamos más del diablo que de Dios. Conocíamos todos sus trucos, todos los medios de los cuales se servía para hacernos caer en el pecado. El infierno también lo conocíamos hasta su último rincón. Teníamos la impresión de que podríamos recorrerlo con los ojos cerrados, conocíamos cómo eran las pailas de aceite hirviendo donde el diablo metía lo pecadores desnudos y luego los sacaba y les quitaba la piel a pedacitos. Tenía enormes tenedores de fierro con los cuales movía las almas en los pozos de fuego, como si fueran pedazos de carne dentro de una olla. Poseía millones de cadenas con que lo amarraba a uno para arrastrarlo por caminos y montañas que estaban sembrados de pedazos de vidrio y espinas. El Diablo era grande, muy ágil, podía dar saltos de varios metros, estaba siempre vestido de rojo o de un verde fosforescente, su pelo estaba siempre de punta hacia arriba y tenía además cuernos como los toros, sus ojos eran amarillos y lanzaban llamas, las uñas eran larguísimas y verdes, los dientes largos como los de los burros y cuando abría la boca salían olores terribles de azufre. El infierno era lleno de cavernas oscuras donde tenía encerrados animales terribles que nosotras no conocíamos pero que se llamaban leones, serpientes, caimanes, y muchos otros, grandes y chiquitos, pero todos terribles. Si uno hacia pecado con los ojos, el Diablo le sacaba a uno los ojos con unas agujas calientes y, si había pecado con la boca, él le cortaba a uno la lengua en pedacitos. Nada ignorábamos del Diablo, además no nos lo dejaban olvidar…Si tirábamos las hebras de hilo nos decían que el Diablo las iba a recoger para torturarnos con él en el Infierno, igual si botábamos algo de comer. Si no nos confesábamos y comulgábamos en pecado, nuestro cuerpo se llenaría de llagas inmundas donde el Diablo depositaría gusanos verdes, rojos y amarillos que nos devorarían.»

Emma Reyes, Memoria por correspondencia, Laguna Libros, 2012, p. 99 -100.

lunes, 18 de marzo de 2013

Cosechas




Hace muy poco tiempo me amisté con las matas, pero desde que las conocí, todas las mañanas tomo un café o una aromática después de regarlas y dejo que pase un momento en silencio. Por lo general, apenas despunta el sol arriba de la cúpula blanca de un seminario que tiene esta ciudad en el oriente y el barrio empieza a calentarse en su bulla, cuando el aire está fresco y se escuchan algunos pitos de los carros que transportan niños al colegio. Al principio organizaba en mi mente las actividades de la jornada -si no había mucho para hacer, las de la semana- y, aunque no puedo recordar cuándo,  después me concentré en el amanecer, solo en el amanecer: dejé la mente en blanco, tal vez mirando con alegría las matas y los insectos que las visitan, pero fue desde ese momento, de eso estoy seguro, que los días empezaron a tener el matiz de las cosas suaves y delicadas.


No quiero extenderme en las historias sobre mis matas y tampoco pretendo que compartas mi amor por ellas. Solo escribo aquí algunos descubrimientos a los que he llegado en nuestra relación:

  • No importa que tanto le hables a una mata. Lo importante es echarle agua.
  •  Si le echas mucha agua a una mata, puede darle un hongo. Si no le echas nada, se seca.
  •  Las matas son felices con agua y sol.
  •  Las malezas, como los pensamientos malvados, no requieren de muchos cuidados. Crecen solas, en cualquier parte, pueden matar tus plantas si te descuidas. Las malezas también tienen ventajas, por ejemplo, alimentan a algunos insectos, amarran la tierra para que no se desmorone y si las arrancas, pueden servir de abono.
  •  Si dejas de echarle agua un día a tu mata, porque te fuiste con unos amigos, tienes que regarla tan pronto regreses. No importa qué estuviste haciendo, lo importante es el agua.
  •  Entre más delicada sea o se encuentre tu mata, más cuidados necesita.
  •  La comunicación con las matas es siempre no verbal: responden con hechos los que demuestras con hechos.
  •  Los verbos no siempre implican desplazamientos o movimientos fuertes. Las matas conocen muchos verbos.
  •  Las matas tienen crisis y hay que estar pendiente.
  •  Las matas también se mueren.
  •  Una planta florece a su tiempo, a su debido tiempo. No antes ni después.
  •  Las hojas grandes deben de quitarse para que la mata no gaste energía. Esas mismas hojas sirven de alimento a la tierra. Tienen oxígeno y carbono.
  •  Cuando una mata crece demasiado para el matero en el que está, es prudente cambiarlo o podar la mata. Las matas necesitan cambiar.
  •   Es prudente recolectar las semillas de tus plantas, puedes regalarlas o sembrar nuevas matas. 
  • Las malezas tienen flores.